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biblia,tradicion,evangelio y su jesus
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05-31-2008, 01:42 PM
Mensaje: #1
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biblia,tradicion,evangelio y su jesus
segun los protestantes,testigos de jehova,mormones y otras religiones
jesus no es tradicion,pero voy a ponerme en la posicion de un creyente a pesar de ser ateo(cosa que uds no pueden hacerlo al reves) pensemos un poco que es evangelio? el evangelio es todo lo que cristo enseñaba,todo lo que el hace eso es evangelio,no la biblia en si,ya que antiguamente habian muchos libros que se creia ser inspirados en su dios judeo cristiano,y no es asi,por eso los padres de la iglesia,canonizaron la biblia con mucho cuidado,y habian muchos libros que la iglesia catolica rechazo por lo cual decimos entonces que primero es: cristo la iglesia catolica tradicion y por ultimo la biblia jesus no iva de puerta en puerta,o no se paraba en la ezquina con una biblia,el no escribio la biblia jesus ni su dios escribio la biblia la iglesia catolica ayudo en eso ya que recordemos que despues de la iglesia primitiva los catolicos ayudaron much en la canonizacion de la biblia por lo cual es ironico decir que los catolicos son malos y todo eso,si ellos canonzaron la biblia ahora comprobemos que su jesus si es tradicion,y el evangelio tambien lo es como se llama por primera vez el vangelio? se llamo tradicion 1 de corintios 15:3 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí pablo recibi y luego trasmite ahora vamos a 2 timoteo 2:2 2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. timoteo repite lo que transmite recibiran otros por lo cual tiene la misma importancia lo que esta ecrito y lo que predican 2 Tesalonicenses 2:15 15. Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y guarden fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra o por carta. por lo cual las tradiciones,el evangelio trasnmitido que viene de viva voz o por escrito es lo mismo pasan los años,pasan los siglos y se escribe muchas cosas mucha parte de la tradicion esta escrito y recien ahi surge la idea de que algunos escritos son sagrados ejemplo: los escritos de pablo en algunas comunidades se creia que algunos libros son inpsirados por su dios pero despues viene la jerarquia de la iglesia,sobre algunos libros hay duda se ve que en cada parte los libros no son igual en todas las comunidas por lo cual ahi interviene la iglesia el papa que nacio primero en el año 382 considera algunos libros como palabra de dios,algunos que aun asi se tiene duda y surge el nuevo testamento,luego añade el antiguo testamento de la version de los 70,por lo cual algunos libros se les tenia duda y ahi sale la biblia la biblia,los libros sagrados los protestantes que hacen rechazan la tradicion,la iglesia,y con la biblia interpretada a su modo,presenta un evangelio a su modo con errores y contradicion por lo cual no pueden aceptar la biblia sin aceptar la iglesia catolica,la biblia no cayo del cielo la biblia no la hicieorn los apostoles en la formacion de la biblia esta el papel de la iglesia catolica de los obispoz y el papa los protestantes,y todas las sectas que hacen? la biblia esta inspirada en mi dios y como saben uds que es asi? quien les dice a uds cuales,son los libros inspirados por su dios antes los libros estaban sueltos no todos los libros que estaban fueron aceptados como palabra de su dios estaba el evangelio de pedro,evangelio de santo tomas y la iglesia rechazo como libro extraños,que tenian cosas extralas a la fe,ahi se ve el papel de la iglesia en la formacion de la biblia la iglesia formo la biblia jesus encargo a la iglesia de predicar el evangelio por lo cual uds mismos se contradicen si van a responder a esto,no me vallan a decir a pero tu eres ateo y hablas d elos catolicos y bal bla bla etc o acaso no sabes que la iglesia catolica mato a gente y la inquisicion y los idolos y la bestia y etc no tampoco,quiero respuesta sobre este tema no sobre otro no me interesa otro tema,quiero este saludos |
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05-31-2008, 01:56 PM
Mensaje: #2
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
championcastro undia tuvimos una conversacion tu y yo si no crees la biblia, no se cual es tu aferracion.
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06-05-2008, 12:35 AM
Mensaje: #3
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
viktor Escribió:championcastro undia tuvimos una conversacion tu y yo si no crees la biblia, no se cual es tu aferracion. Simple Viktor es por que es necio. Dijo el necio en su corazón: No hay Dios. Aquí se describe al pecador como ateo, alguien que ha dicho que no hay Juez ni Soberano del mundo, ni Providencia que regule los asuntos de los hombres. Dice esto en su corazón. No puede satisfacerle que no haya uno pero desea que no lo hubiera y le complace la posibilidad de que no lo haya; está dispuesto a pensar que no hay ninguno. Este pecador es un necio; es simple e imprudente, y de él queda esto en evidencia: es malo y profano, y esta es la causa. La palabra de Dios discierne estos pensamientos. Ningún hombre puede decir: No hay Dios sin que esté tan endurecido en el pecado, que tiene como su especial interés que no haya nadie que lo llame a rendir cuentas.
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06-05-2008, 12:38 AM
Mensaje: #4
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
championcastro Escribió:segun los protestantes,testigos de jehova,mormones y otras religiones Solo de un necio puede provenir todo esto y decir "soy ateo"...ni me voy a molestar pues es perdida de tiempo. Alguien asi que entra a un foro cristiano entra con la intencion premeditada de fastidiar...so se puede ir por donde entro.
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06-15-2008, 09:39 PM
Mensaje: #5
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
championcastro Escribió:segun los protestantes,testigos de jehova,mormones y otras religiones eres un mentiroso hipocrita champion castro, tu no eres ateo, si mal no recuerdo la ultima vez que te vimos por foros, defendias la secta catolicorromana, si mal no recuerdo eres militante e idolatra como los tales, ¿de donde sales ateo? ![]() mentiroso
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06-15-2008, 11:25 PM
Mensaje: #6
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
bendiciones
estimado en primer lugar saludos y paz Cita:el evangelio es todo lo que cristo enseñaba,todo lo que el hace eso es evangelio,no la biblia en si,ya que antiguamente habian muchos libros que se creia ser inspirados en su dios judeo cristiano,y no es asi,por eso los padres de la iglesia,canonizaron la biblia con mucho cuidado,y habian muchos libros que la iglesia catolica rechazo si es cierto que habian muchos libros que se decian inspirado pero esos libros quedaron fuera del canon biblico por sus contradiciones, a la misma estructura de las escrituras, porque hay un principio que dice: Isa 8:20 ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, [es] porque no les ha amanecido. 1Co 14:32 Y los espíritus de los que profetizaren, son sujetos a los profetas; 1Co 14:33 (porque Dios no es [Dios] de desorden, sino de paz) como en todas las iglesias de los santos. entonces no puede existir contradicción tiene que ir conforme a lo que esta escrito porque el espíritu del profeta esta sujeto, medido o bajo a lo que dijeron los demás. por esta sencilla razón hay libros que no son aceptados, por los cristianos, un ejemplo la salvación es por gracia, y eso es una ley tanto en el antiguo pacto como en el nuevo, ahora no puede existir un libro inspirado que diga que la salvación es por las limosna o que por las limosna seras librado del fuego, como ve todo tiene que tener el mismo espíritu, no se puede contradecir, Dios es un Dios de orden. Cita:jesus no iva de puerta en puerta,o no se paraba en la ezquina con una biblia,el no escribio la biblia Joh 12:1 Jesús, pues, seis días antes de la Pascua, vino a Betania, donde Lázaro había sido muerto, al cual [Jesús] había resucitado de los muertos. donde fue la reunion, donde se juntaban con los publicanos, bueno salen muchos relatos que el señor visitabas las casas y bueno de que hablaban. Luk 9:4 Y en cualquier casa en que entréis, quedad allí, y de allí salid. Luk 9:5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos. como puede leer los discípulos iban puerta a puerta como usted le dice, es claro que también predicaban en plazas y bueno todo lo que sirviera para la predicación. Cita:la iglesia catolica ayudo en eso ya que recordemos que despues de la iglesia primitiva es cierto en cierto punto lo que dice es cierto que la iglesia romana junto el canon bíblico, pero también hay que ser justo que los libros del canon ya hace mucho ya estaban aceptados, por los cristianos fieles, no era una novedad que esos libros eran los correctos, seria decir que la iglesia primitiva esta en completa oscuridad, por lo tanto los escritos inspirados ya estaban aceptados. Cita:los protestantes que hacen lo que quiere sugerir que solo es valida la interpretación del magisterio, porque si es ateo parece un católico ateo, debería mencionar cuales son los errores de los separados, yo le pregunto una mujer nace ramera o se hace ramera, la iglesia primitiva cayo en apostacia al mezclar religión y politica y de ser perseguida a ser perseguidora, hay nace la ramera se prostituyo con el poder, tanto religiosos como político militar. lo cual unir el canon era lo ultimo que quedaba de fidelidad. Cita:y la iglesia rechazo como libro extraños,que tenian cosas extralas a la fe,ahi se ve el papel de la iglesia en la formacion de la biblia por la voluntad de Dios no del papa, aveces ocupa Dios los medios que el destina, como le mencione esta fue la ultima fidelidad pero cierto es que fue la voluntad de Dios, asi como ocupo nabucodonosor, el puede ocupar los medios que el quiera, ya que su voluntad es hecha y los medios dan lo mismo. bendiciones. Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien despeja mi camino; |
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06-16-2008, 01:56 AM
Mensaje: #7
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RE: biblia,tradicion,evangelio y su jesus
Estimados Hermanos
Aun cuando el tema origianl era otro, se llego a tocar este punto por eso quiero compartir en este estudio cómo los Libros Sagrados del Nuevo Testamento llegaron a formar una colección y cómo fueron aceptados por todos los cristianos. En este estudio nos ayudarán los documentos históricos antiguos, que casi en su totalidad pertenecen a escritores eclesiásticos de la primitiva Iglesia. a) Ya Sabemos que Jesucristo, los apóstoles y la Iglesia cristiana recibieron los escritos del Antiguo Testamento como sagrados e inspirados. Pero, además, poco tiempo después de la muerte de Cristo comenzó a aparecer una nueva literatura religiosa, o sea, la literatura cristiana, que trataba de la vida y doctrina de Cristo y de los apóstoles. Esta literatura en parte era histórica (los cuatro evangelios y los Hechos) y en parte epistolar (cartas de San Pablo y de otros apóstoles). La actividad literaria de los autores del Nuevo Testamento se extiende por un período de unos sesenta años: entre los años 40 a 100, d.C. b) Los primeros cristianos comenzaron muy pronto a venerar como escritos sagrados los libros y las cartas escritas por los apóstoles y por sus colaboradores. Este hecho no ha de extrañarnos si tenemos presente que Cristo les había prometido el Espíritu Santo (Cf. Jn 14,26; 16,13s) y los había constituido dispensadores de los misterios de Dios (1 Cor 4,1). Y, en efecto, los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo el día de Pentecostés, comenzando desde entonces la sublime misión para la que habían sido preparados por el mismo Jesús de predicar la doctrina de Cristo a todo el mundo. En esta misión fueron eficazmente ayudados por sus propios escritos dirigidos a diversas Iglesias y comunidades cristianas La veneración con que los primeros cristianos recibían todo lo que provenía de los verdaderos apóstoles explica bien que los fieles se sintieran movidos a conservar aquellos preciosos escritos y a comunicarlos a otras comunidades. Esto mismo debió de llevar a los cristianos a hacer diversas copias de aquellos escritos apostólicos y a ir formando pequeñas colecciones de aquella nueva literatura. San Pablo ordena expresamente a los colosenses que lean la epístola dirigida a los de Laodicea, y a los laodicenses les manda a su vez que lean la carta enviada a los colosenses[1]. En el Nuevo Testamento encontramos ya ciertos indicios que parecen demostrar que se atribuía a los escritos de los apóstoles una autoridad divina. En la 1 Tim 5,18 tenemos el primer ejemplo de citación de las palabras de Jesús como Escritura sagrada[2]. La 2 Pe 3, 15 16 atribuye la misma autoridad a las epístolas de San Pablo que a los escritos proféticos. La literatura cristiana de fines del siglo I y del siglo II atestigua lo mismo. Según la Didajé 8,2, es el mismo Señor el que habla y ordena en el Evangelio. San Clemente Romano afirma que San Pablo, divinamente inspirado, escribió a los Corintios[3]. La Epístola de Bernabé también cita Mt 22,14 con la fórmula empleada ordinariamente para citar el Antiguo Testamento: “gégraptai” = “está escrito”[4]. Los escritos de los Padres apostólicos San Ignacio Mártir y San Policarpo están llenos de citas y de alusiones tomadas de los evangelios y de las epístolas paulinas, lo cual indica la gran veneración y reverencia que tenían de estos escritos. c) Si las cartas de San Clemente Romano a los corintios y de San Ignacio Mártir a los filipenses eran tenidas en tanta estima por los destinatarios, que hacían copias para transmitirlas a otras Iglesias, mucho más estimados aún debían de ser los escritos de los apóstoles. Así se explica fácilmente que ya desde un principio los escritos apostólicos fueran coleccionados para leerlos públicamente en el culto divino. De la 2 Pe 3, 15 16, en que se habla de todas las cartas (“en pásais epistoláis”) de San Pablo, se puede deducir que ya en aquel tiempo debía de existir alguna colección de las epístolas del Apóstol. San Ignacio Mártir, en su epístola a los Efesios también parece suponer la existencia de una colección de epístolas paulinas. El proceso de colección y de formación del canon del Nuevo Testamento debió de ser bastante breve para la mayoría de los libros, por el hecho de que la Tradición era clarísima y de todos bien conocida. Así sucedió con los cuatro Evangelios y con casi todas las epístolas de San Pablo (exceptuando la epístola a las Hebreos). Por el contrario, respecto de otros libros del Nuevo Testamento, el proceso de “canonización” fue más lento, y se disputó durante bastante tiempo sobre su canonicidad, porque la tradición apostólica no era igualmente clara y evidente en todas las Iglesias. Hacia fines del siglo IV se llegó a la unanimidad de la Iglesia católica en lo referente al canon del Nuevo Testamento. d) Tres fueron las causas principales que aceleraron la formación del canon del Nuevo Testamento: 1) La difusión de muchos apócrifos, que eran rechazados por la Iglesia a causa de las doctrinas peligrosas que contenían; 2) la herejía de Marción, que seguía un canon propio. Rechazaba todo el Antiguo Testamento, y del Nuevo sólo admitía el evangelio de San Lucas y diez epístolas de San Pablo; 3) la herejía de los montanistas, que añadía nuevos libros al canon de la Iglesia y afirmaba que había recibido nuevas revelaciones del Espíritu Santo. 1. Formación del canon del Nuevo Testamento hasta el año 150. Los escritos del Nuevo Testamento, por haber sido en su mayoría escritos dirigidos a comunidades particulares, no fueron conocidos inmediatamente por toda la Iglesia cristiana. Sin embargo, ya tenemos desde los primeros tiempos de la Iglesia testimonios de gran valor que demuestran la existencia de estos escritos sagrados. Las citas que nos han transmitido los Padres apostólicos no suelen estar hechas literalmente, por lo cual resulta a veces difícil determinar de qué libro del Nuevo Testamento han sido tomadas. Hacia finales del siglo II encontramos ya testimonios explícitos, e incluso un catálogo de Libros Sagrados del Nuevo Testamento, como veremos después. a) En el mismo Nuevo Testamento encontramos indicios que nos permiten deducir la existencia de alguna colección de San Pablo: 2 Pe 3,15 16. Y como ya dejamos dicho, la 1 Tim 5, 18 es muy posible que cite el evangelio de San Lucas (10,7), considerándolo como Escritura sagrada. b) Los Padres apostólicos no suelen citar los Libros Sagrados del Nuevo Testamento por los nombres de sus autores. Pero sus escritos están plagados de citas y de alusiones al Nuevo Testamento, de tal modo que sus testimonios son considerados como ciertísimos. En los escritos de dichos Padres se encuentran citas de casi todos los Libros del N. T., si exceptuamos las epístolas de Filemón y 3 Jn 14[5]. La Didajé (hacia el año 90 d.C.) cita frecuentemente a Mt, y parece conocer a Lc, 1 Tes, 1 Pe, Jds, y quizá Jn y Act 15. San Clemente Romano (hacia 96) emplea Mt, 1 2 Tim, Tit, Hebr, y probablemente Lc, Act, 1 Cor, Rom, 1 2 Pe, Sant. Epístola de Bernabé (hacia 98) cita a Mt, Rom, Col, 2 Tim, Tit, 1 Pe, y probablemente también conocía Jn. San Ignacio de Antioquia (año 107) emplea en sus escritos Mt, Lc, Jn, Act, 1 Tes, Gál, 1 Cor, Rom, Col, Ef, Hebr. San Policarpo (hacia el año 108) alude en su carta a Mt, Mc, Lc, Jn, Act, 2 Tes, Gál, 1 2 Cor, Rom, Col, Ef, Fil, 1 2 Tim, Hebr, Sant, 1 Pe, 1 Jn. Papías (hacia 110) es el primero que da los nombres de los autores de Mt, Mc, Jn, y refiere algo acerca del origen de los evangelios. También conocía 1 Pe, 1 Jn, Apoc . El Martyrium Polycarpi (hacia 150) se sirve de Mt, Jn, Act, Apoc y quizá Jds. El Pastor de Hermas (hacia 140 155) hace uso de Mt, Mc, Lc, Jn, Act, 1 Tes, 2 Cor, Rom, Ef, Fil, Hebr, Sant, 1 2 Pe, Apoc. c) Los apologistas todavía nos han transmitido testimonios mucho más claros sobre los libros del Nuevo Testamento. Al tener que defender las doctrinas cristianas contra los ataques de los infieles y de los herejes, recurren con frecuencia a citaciones de los escritos sagrados. Arístides Ateniense (hacia 140), en su Apología c. 15, narra la vida de Jesús, y afirma que la venida de Jesucristo puede ser conocida por los escritos evangélicos. También cita Mt, Jn, Act, Rom, 1 Tim, Hebr, 1 Pe. San Justino (año 150 160) es el primer escritor antiguo que nos habla del uso litúrgico del Nuevo Testamento en las reuniones de los cristianos. “Y en el día llamado domingo dice él , todos los que viven en las ciudades o en el campo se reúnen en un lugar, y ante ellos se leen las memorias de los apóstoles o las escrituras de los profetas mientras el tiempo lo permite”[6]. Las “memorias de los apóstoles” son los Evangelios, según los demás escritos de San Justino. Cita con frecuencia los evangelios de Mt y Jn. Habla también explícitamente del Apocalipsis, atribuyéndolo a San Juan Apóstol. Conoce igualmente Act y todas las epístolas de San Pablo, Sant, 1 2 Pe, 1 Jn. 2. El canon del Nuevo Testamento desde el siglo II hasta el siglo IV. Los testimonios que poseemos de este período en favor de los Libros Sagrados del Nuevo Testamento son clarísimos y de gran importancia. Taciano Siro (hacia el año 172), sirviéndose de los cuatro evangelios, compuso una obra llamada Diatessaron. Era una armonía evangélica que se divulgó mucho. Las Iglesias de Siria lo usaron hasta el siglo V. Taciano conoce también Act, 1 Cor, Rom, Hebr, Tit, Apoc. Marción (año 140 170) es el testigo principal del siglo II en lo referente a la historia del canon. En su obra Antitheses rechaza todo el Antiguo Testamento, por provenir del Dios del temor, distinto del Dios del amor del Nuevo Testamento. De los escritos del Nuevo Testamento admite el evangelio de San Lucas, pero abreviado. Rechaza los dos primeros capítulos de Lc por tener cierto sabor hebraico. Y también reconoce como canónicas diez epístolas paulinas, exceptuando las pastorales y la de los Hebr. Los demás libros del Nuevo Testamento no son considerados como canónicos por Marción. No fue Marción el primero que formó el canon del Nuevo Testamento, como afirman algunos autores. Antes de él ya existían colecciones de escritos sagrados que eran considerados por todos como inspirados. Esto se deduce de los testimonios que poseemos de aquel tiempo. Además, el canon mutilado del mismo Marción supone que ya existía en la Iglesia un canon, del cual se sirve a su manera. Sin embargo, la Iglesia, con motivo del canon de Marción y para oponerse a sus doctrinas erróneas, debió de poner más empeño y diligencia en determinar el verdadero canon. Epístola de las iglesias Lugdunense y Vienense (hacia 177), que nos demuestra que en la Galia eran conocidos Lc, Jn, Act, Rom, Ef, Fil, 1 Tim, 1 Pe, 1 Jn, y muy probablemente Hebr, 2 Pe, 2 Jn. Es citado el Apoc como “Escritura”. San Teófilo Antioqueno (hacia el año 180) considera a los evangelistas como inspirados, y cita a Mt y Lc. También afirma que Juan, el “Pneumatóforo”, fue el autor del cuarto Evangelio. Se sirve de casi todas las epístolas de San Pablo, y en algunos lugares cita la epístola a los Rom y la 1 Tim con la fórmula: “la palabra divina” (gr. “ho theios logos”). San Ireneo (año 175 195) enseña que los escritos del Nuevo Testamento son de origen apostólico[7]. Los evangelios fueron escritos por San Mateo en hebreo, por San Marcos, el intérprete de San Pedro; por San Lucas, el compañero de viajes de San Pablo, y por San Juan, el discípulo amado del Señor[8]. En sus escritos, San Ireneo cita o alude a todos los libros del Nuevo Testamento, a excepción de la epístola a Filemón, la 2 Pe, la 3 Jn y la de Jds. Tertuliano (año 16o 240) combate a Marción, echándole en cara que, no siendo cristiano, no tenía derecho alguno a hacer uso de las escrituras cristianas[9]. Afirma que hay cuatro evangelios, a los que llama “instrumento evangélico”. Dos fueron escritos pos apóstoles, San Mateo y San Juan, y los otros dos por hombres apostólicos, San Marcos y San Lucas[10]. También cita directamente los Act y trece epístolas paulinas[11]. La epístola a los Hebr la atribuye a Bernabé[12]. Aduce, además, la 1 Pe, la 1 Jn, Jds y el Apoc[13]. Es dudoso si hace referencia a la epístola de Sant[14]. No alude a la 2 Pe ni a la 2 y 3 Jn. Fragmento de Muratori (de fines del s. II). Fue hallado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán por L. A. Muratori (+1750) y editado por el mismo en el año 1740[15]. Contiene el catálogo más antiguo, hasta hoy conocido, de los libros del Nuevo Testamento. Al principio está mutilado, por lo cual se ha perdido la referencia que hacía de los evangelios de Mt y Mc. En la forma actual habla de Lc, Jn, Act, 1 2 Cor, Gál, Rom, Ef, Fil, Col, 1 2 Tes, Flm, Tit, 1 2 Tim, Jds, 1 2 Jn, Apoc, 1 Pe. No son nombradas las epístolas a los Hebr, Sant y la 2 Pe. Se permite la lectura privada del Pastor, de Hermas[16]. Hermas, el autor del Pastor, es llamado hermano del obispo de Roma Pío (año 140 155), y como también afirma que el Pastor de Hermas fue escrito “nuperrime temporibus nostris” (“en nuestros días”, “hace muy poco”), se deduce que la composición del fragmento de Muratori hay que colocarla hacia mediados del siglo II, en Roma o en las cercanías de la Urbe. No se conoce su autor; pero es bastante probable que haya sido San Hipólito Romano. Desde principios del siglo III hasta la primera mitad del siglo IV, los testimonios de la Tradición, referentes al canon del Nuevo Testamento, son clarísimos y de gran valor. La mayor parte de las dudas existentes anteriormente desaparecen. Los escritores de este período tanto del Oriente como del Occidente se muestran en general acordes sobre el canon de Libros Sagrados del Nuevo Testamento. Clemente Alejandrino (hacia el año 180 202). Eusebio afirma, hablando de Clemente Alejandrino, que “en los libros de las Hypotyposes teje una compendiosa narración de todas las Escrituras de ambos Testamentos”[17]. De donde se puede deducir que conocía todos los libros del Nuevo Testamento, incluso el Apocalipsis. Se duda si conocía las epístolas 2 3 Jn y la 2 Pe. Hay que advertir, sin embargo, que, juntamente con los libros canónicos, cita otros que no lo son. Lo cual parece suponer que no sabía distinguir bien los libros canónicos de los apócrifos. Orígenes (+254) era hombre muy versado en ciencias bíblicas y había recorrido todas las Iglesias principales de aquella época: las de Roma, Alejandría, Antioquia, Cesarea, Asia Menor, Atenas, Arabia. Por todo lo cual constituye un testimonio de máxima importancia y autoridad. Admite todos los 27 libros del Nuevo Testamento, considerándolos como canónicos[18]. Aunque conoce las dudas de algunos escritores de aquella época acerca de la canonicidad de 2 Pe, de 2 3 Jn y de Jds, sin embargo, no hace caso de ellas y admite en su canon todas las epístolas. Por el contrario, conociendo igualmente los apócrifos, no los recibe en el canon de los Libros Sagrados[19]. San Hipólito Romano (+hacia 258 260). Tiene mucha importancia su testimonio por ser intérprete excepcional de la Iglesia romana. En sus escritos, San Hipólito cita todos los libros del Nuevo Testamento, exceptuando las epístolas de Flm, 2 y 3 Jn. El Fragmento de Muratori, que diversos autores atribuyen a San Hipólito[20], contiene todos los libros canónicos del Nuevo Testamento, menos la epístola a los Hebr, Sant y 2 Pe. Novaciano (hacia el año 250) fue un presbítero de la Iglesia de Roma que posteriormente cayó en la herejía. En sus escritos se sirve de todos los libros del Nuevo Testamento, a excepción de la epístola a los Hebreos. San Cipriano (+258), obispo de Cartago, cita diez epístolas paulinas, la 1 Pe, la 1 Jn y el Apocalipsis. No menciona la epístola de Flm y duda del origen de la epístola a los Hebr. Canon Mommseniano, (de hacia el año 259) proviene de la Iglesia de África, y menciona veinticuatro libros del Nuevo Testamento. Omite las epístolas a los Hebr, la de Sant y la Jds. San Dionisio de Alejandría (+264) admite todos los libros del Nuevo Testamento, aunque no cita la 2 Pe y la de Jds. Y con el fin de oponerse al error milenarista, que se apoyaba en Apoc 20, negó que el autor del Apoc fuese el apóstol San Juan. Negaba, por consiguiente, la autenticidad, pero no la canonicidad del Apocalipsis Por los testimonios que acabamos de citar, no resulta difícil observar que en el siglo III casi todos los libros del Nuevo Testamento eran recibidos en el canon. En Occidente se duda de la canonicidad de las epístolas de Sant, 2 Pe y Hebr, y por eso a veces son omitidas. En Oriente todavía hay bastantes escritores que dudan de las cinco epístolas católicas menores: Sant, 2 Pe, 2 3 Jn y Jds. 3. El canon del Nuevo Testamento en los siglos IV VI. En los siglos IV y V se nota entre los escritores eclesiásticos una mayor unanimidad aún acerca de los libros canónicos del Nuevo Testamento. Las dudas son de menor importancia. Contrastando, sin embargo, con esto, encontramos las vacilaciones que comienzan a surgir en Oriente sobre la autenticidad y canonicidad del Apocalipsis, iniciadas por San Dionisio Alejandrino, como ya hemos VIsto. Pero, con todo, la unanimidad llega a ser completa en Occidente a fines del siglo IV y comienzos el V; y en Oriente se consigue esta unanimidad durante el siglo VI. a) Los escritores sirios manifiestan dudas acerca de las epístolas católicas menores. La obra llamada Doctrina Addai (s. IV) y Afraates (hacia el año 340) omiten todas las epístolas católicas y el Apocalipsis. San Efrén (+373) cita la 1 Pe y la 1 Jn, y probablemente la epístola de Sant. No parece haber utilizado la 2 y 3 Jn y la de Jds, porque estas epístolas todavía no habían sido traducidas del griego en su tiempo, y San Efrén no conocía el griego. También nos es conocido un Catálogo esticométrico de hacia el año 400, que no contiene las epístolas católicas y el Apocalipsis. La versión Peshitta, tan difundida entre los sirios, contiene la 1 Pe, 1 Jn y Sant, pero le faltan la 2 Pe, 2 3 Jn, Jds, Apoc. Sin embargo, las versiones posteriores: Filoxeniana (año 508) y Harclense (615 616) contienen los veintisiete libros del Nuevo Testamento. b) Padres griegos: Eusebio (+340) divide los libros del Nuevo Testamento en tres clases: I) homologúmena, o sea los libros “que, según la tradición eclesiástica, son verdaderos y genuinos y han sido recibidos por todos sin oposición”. Son los cuatro evangelios, Act, 14 epístolas de San Pablo, 1 Jn, 1 Pe y el Apocalipsis, con la salvaguardia: “si es considerado verdadero”; 2) antilegómena, cuya genuinidad es discutida por algunos: Sant, 2 Pe, 2 3 Jn, Jds; 3) espurios, o “adulterados”: los Hechos de Pablo, el Pastor, el Apocalipsis de Pedro, la epístola de Bernabé, la Didajé, y, “si así agrada, el Apocalipsis de Juan”[21]. Eusebio, bajo el influjo de San Dionisio, se muestra indeciso sobre la colocación del Apoc. Distingue entre Juan el apóstol, al que atribuye el evangelio y la primera epístola, y Juan el presbítero, que sería el autor del Apoc y de 2 3 Jn. San Cirilo de Jerusalén (+386), en su Catechesis 4,33-36, escrita hacia el año 348, nos ofrece el canon completo del Nuevo Testamento, con la única omisión del Apocalipsis de San Juan. San Atanasio (año 367) admite los 27 libros del Nuevo Testamento como sagrados y canónicos[22]. Y lo mismo hace San Epifanio (+403)[23]. San Basilio (+379) acepta todos los libros del Nuevo Testamento, aunque no cita explícitamente las epístolas 2 3 Jn y Jds[24]. San Gregorio Nacianceno (328 389), en su poema titulado De veris libris Scripturae divinitus inspiratae, da la lista de todos los libros del Nuevo Testamento, menos del Apocalipsis. El P. Lagrange piensa que el no mencionar el Apoc es debido a que San Gregorio estaba atado a causa del metro poético. Y por eso, en lugar de mencionarlo, hace una alusión general a él, diciendo: “Juan, el universal y gran heraldo, que recorre los cielos”. Sin embargo, en otros lugares de sus obras cita expresamente el Apoc, como cuando escribe: “Juan en el Apocalipsis me enseña”[25]. Además, lo cita en unión de varios textos del evangelio de San Juan. San Gregorio Niseno (335 394), hermano de San Basilio, cita la epístola a los Hebr y el Apoc. De los demás no nos habla. San Anfiloquio (340 403) ofrece un canon completo del Nuevo Testamento, aunque a propósito del Apoc se ve que sufrió el influjo de los Padres antioquenos, pues afirma que muchos lo rechazan. Algunos también dudan, según él, de la 2 Pe, 2 3 Jn y Jds. A estos testimonios podemos añadir los códices unciales principales: el Sinaítico, de principios del siglo IV, que contiene todo el Nuevo Testamento; el Vaticano (B), de comienzos también del siglo IV, que tiene todos los libros del Nuevo Testamento, hasta la epístola a los Heb; y el Alejandrino, de principios del siglo v, que presenta todos los libros neotestamentarios[26]. c) Padres antioquenos.- Entre éstos son dignos de mención San Juan Crisóstomo (+407), que cita con mucha frecuencia la epístola a los Hebr y la de Sant, pero nunca alega la 2 Pe, la 2-3 Jn y el Apoc, lo cual parece indicar que las excluía del canon. Otro tanto podemos decir de Teodoreto Cirense (+458), que tampoco cita las epístolas católicas menores y el Apoc. Teodoro de Mopsuestia (+428) todavía va más lejos, pues incluso rechaza las epístolas católicas mayores: Sant, 1 Pe, 1 Jn. d) Padres latinos. Casi todos los escritores eclesiásticos latinos de esta época admiten el canon íntegro del Nuevo Testamento. La discusión y las dudas se centran sobre todo en la epístola a los Hebreos, que en el Occidente, hasta la mitad del siglo IV, es pasada en silencio por muchos autores. En Oriente, en cambio, nunca se dudó de su canonicidad. En el siglo IV se disputó mucho en Occidente acerca de su autenticidad. Posiblemente por este motivo no se encuentra en el canon Claromontano (s. IV), en donde también faltan Fil y 1 2 Tes, probablemente a causa de un descuido del copista. En los últimos decenios del siglo IV casi todos los Padres latinos admiten unánimemente la autenticidad de la epístola a los Hebreos. De este modo se llega a la unanimidad completa, con la admisión de los 27 libros del Nuevo Testamento. Esto se ve claramente recorriendo las obras de los principales Padres de este período. San Jerónimo (+410), que pasó gran parte de su VIda en Oriente, admite todos los libros del Nuevo Testamento. Por lo que se refiere a los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, fue hostil y no los consideró como canónicos; en cambio, respecto de los deuterocanónicos del Nuevo Testamento, adopta la “veterum auctoritas” (“autoridad de los –padres- antiguos”) y los recibe como canónicos, incluso conociendo las dudas que sobre alguno de ellos existían tanto en Oriente como en Occidente[27]. Refiriéndose a las epístolas de Santiago y Judas afirma que han obtenido “autoridad” canónica “paulatim procedente tempore” (“poco a poco, con el paso del tiempo”)[28]. Pero él las coloca sin vacilación alguna entre los libros canónicos[29]. Rufino (+410) también admite los 27 libros del Nuevo Testamento como inspirados y canónicos. San Agustín (+430), en su libro De doctrina christiana (año 397), nos ofrece una lista completa de todos los libros del Nuevo Testamento, idéntica a la que más tarde aceptará el concilio Tridentino. Fue bajo su influencia que el concilio provincial de Hipona, o sea, el concilio plenario de toda el África, celebrado en Hipona el 8 de octubre de 393, y los concilios III y IV de Cartago, de los años 397 y 419, recibieron este mismo canon[30]. San Ambrosio (+397) hizo uso de todos los libros del Nuevo Testamento. Los únicos sobre los cuales hay alguna duda son las epístolas 2 3 Jn. La epístola a los Hebreos la atribuye a San Pablo y el Apocalipsis a San Juan. San Hilario De Poitiers (+368) no nos da una lista de los libros del Nuevo Testamento, pero admitió indudablemente los protocanónicos. De los deuterocanónicos del N. T. recibió la epístola a los Hebreos, que consideraba como de San Pablo, y usó la epístola de Santiago, la 2 Pe y el Apoc. Para San Hilario, el autor del Apoc era San Juan. No tiene referencias a las epístolas 2 3 Jn y Jds. Prisciliano (hacia el año 380), obispo de Ávila en España, reconoce como inspirados y canónicos todos los libros del Nuevo Testamento. El único que no menciona es la epístola 3 Jn. 4. Los libros deuterocanónicos del Nuevo Testamento hasta el siglo VI. En el recorrido que hemos hecho de los diversos Padres, hemos podido observar que, a fines del siglo IV y en el siglo V, todos los libros del Nuevo Testamento, incluyendo también los deuterocanónicos, eran reconocidos como canónicos. Sin embargo, hemos aludido a las dificultades por las que tuvieron que atravesar ciertos libros deuterocanónicos del Nuevo Testamento hasta entrar definitivamente a formar parte del canon. Vamos, pues, a hacer algo de historia sobre esta cuestión. a) Epístola a los Hebreos. En Oriente nunca se dudó de su canonicidad ni de su autenticidad paulina. La Epístola de Bernabé parece conocerla ya (8, 1-2). Los Padres Panteno, Clemente Alejandrino, Orígenes y Eusebio de Cesarea defienden su autenticidad[31]. También se encuentra en la versión siríaca llamada Peshitta. En Occidente, en cambio, los escritores eclesiásticos parecen no conocerla hasta mediados del siglo IV. Una excepción sin embargo, la encontramos en San Clemente Romano[32], que probablemente alude a la epístola a los Hebreos 2,7; 3,1; 4,14; 5,1.5. No se encuentra en el Fragmento de Muratori. Para San Ireneo, la epístola a los Hebr no era de San Pablo, lo mismo que para San Hipólito y Tertuliano, el cual la atribuye a Bernabé y la excluye del canon. Tampoco la encontramos en los escritos de San Cipriano, lo cual parece confirmar la práctica de la Iglesia de África, hacia mediados del siglo III, atestiguada por Tertuliano. Un siglo más tarde, es decir, hacia fines del siglo IV, la mayor parte de los escritores latinos la conocen y la reciben como canónica. San Hilario de Poitiers (+368), por ejemplo, la considera como inspirada y canónica. San Ambrosio de Milán la considera como escrita por el mismo San Pablo. El Ambrosiáster (hacia 370), sea cual fuere su identidad, la considera como canónica, aunque no paulina. Prisciliano (+385) la cuenta entre los libros canónicos. San Filastrio de Brescia, en su obra Diversarum Hereseon liber (hacia el año 383), da una lista en la que es omitida la epístola a los Hebr; pero en otros lugares de esa misma obra habla de ella como un escrito de San Pablo. También San Jerónimo defiende la autenticidad paulina de la epístola a los Hebreos[33], aunque menciona las dudas y vacilaciones de los escritores anteriores a él[34]. San Agustín, por su parte, admite al menos la canonicidad de la epístola a los Hebr, y afirma que prefiere seguir la práctica de las Iglesias orientales, que la tenían en el canon, aun cuando haya bastantes que la consideraban como incierta[35]. b) El Apocalipsis. Hasta el siglo III todos los escritores, tanto del Oriente como del Occidente, admitían el Apocalipsis como canónico y auténtico. Así piensan Papías, San Justino, San Ireneo, Tertuliano, Fragmento de Muratori, San Hipólito Romano, Clemente Alejandrino y Orígenes. Solamente Marción y el presbítero Cayo se atrevieron a rechazarlo. Más tarde, sin embargo, a causa del error milenarista, que se apoyaba en el Apocalipsis (20,2 6) para sostener dichas doctrinas, algunos escritores católicos llegaron hasta negar la autenticidad apostólica del Apoc con el fin de echar por tierra las doctrinas milenaristas. El primero de éstos fue San Dionisio Alejandrino (+265), que, no pudiendo apoyarse en documentos históricos ni de tradición, se VIo obligado a servirse de argumentos de crítica interna[36]. San Dionisio Alejandrino, aun obrando con la mejor buena fe, ejerció una influencia nefasta sobre Eusebio de Cesarea, que incluso llegó a negar la misma canonicidad del Apoc. Eusebio, a su vez, influenció a los demás escritores palestinenses, a los antioquenos, y en especial a los sirios orientales, los cuales no recibieron el Apoc hasta la versión Filoxeníana (año 508). En la segunda mitad del siglo IV todavía encontramos a San Gregorio Nacianceno y San Cirilo de Jerusalén que no hacen uso del Apocalipsis. San Anfiloquio afirma que algunos admitían el Apoc. San Juan Crisóstomo nunca cita el Apoc, y San Jerónimo escribe que en su tiempo no era recibido por los griegos. Tampoco se encuentra en el can. 60 del concilio Laodicense. No obstante esto, en el Oriente admiten el Apoc San Basilio Magno, San Gregorio Niseno y San Epifanio. Más tarde, principalmente a partir del concilio de Trulo II (año 692), los orientales volvieron a recibir el Apoc como canónico, Solamente los nestorianos, bajo la influencia de Teodoro de Mopsuestia, lo rechazaron. La Iglesia latina siempre consideró el Apoc como canónico y nunca surgieron dudas de importancia acerca de su canonicidad. c) Epístolas católicas menores. Son éstas las epístolas de Sant, 2 Pe, 2 3 Jn y Jds, acerca de cuya canonicidad y autenticidad hubo dudas durante varios siglos. En Oriente, especialmente en las Iglesias de Alejandría y Palestina, todas estas epístolas suelen ser recibidas en el canon de las Sagradas Escrituras. Sin embargo, Orígenes (+254) nos refiere que en su tiempo algunos negaban la autenticidad de la 2 Pe y de la 2 3 Jn[37], Eusebio de Cesarea (+340) coloca las cinco epístolas católicas menores entre los escritos que él llama antilegómenos, es decir, los escritos que no eran aceptados por todos[38]. San Anfiloquio (+ después de 394) duda de la canonicidad de la 2 Pe, 2 3 Jn y Jds. San Gregorio Niseno (+394) sólo cita la 1 Pe y la 1 Jn. En cambio, admiten todas las epístolas San Gregorio Nacianceno (+389) y San Epifanio. En el papiro Bodmer VII IX (s. III), recientemente descubierto, se encuentran la epístola 2 Pe y la de Judas, lo cual es de suma importancia. Los Padres antioquenos también dudan de las epístolas católicas menores. Apolinar de Laodicea cita solamente la 1 Pe y la 1 Jn; Diodoro de Tarso alega únicamente la 1 Pe, 1 Jn y 2 Pe. San Juan Crisóstomo y Teodoreto parece que omitieron la 2 Pe, 2 3 Jn y Jds. Teodoro de Mopsuestia rechaza todas las epístolas católicas. Entre los Padres sirios encontramos igualmente muchas vacilaciones acerca de estas epístolas. Afraates (+356) no alega ninguna de las epístolas católicas. La Doctrina de Addai tampoco las tiene. Un Catálogo siríaco (hacia el 400) las omite también. San Efrén (+373), en la versión griega de sus obras, cita todas las epístolas. Pero se duda que esta versión represente su auténtico pensamiento; tanto más cuanto que, en las obras siríacas que han llegado hasta nosotros, sólo alega la 1 Pe, la 1 Jn y probablemente también Sant. La versión Peshitta sólo tiene Sant, 1 Pe y 1 Jn. Por lo dicho se ve que los Padres antioquenos y los sirios coinciden en no aceptar como canónicas todas las epístolas católicas. Generalmente reciben las tres que contiene la versión Peshitta: Sant, 1 Pe y 1 Jn. Los nestorianos conservaron la versión Peshitta con su canon limitado de las epístolas católicas. Sin embargo, al comienzo del siglo VI, las dudas sobre estas epístolas y el Apocalipsis desaparecen. Por eso, Filoxeno, en su versión siríaca (año 508), recibe las cuatro epístolas católicas menores y el Apocalipsis. Los griegos también aceptaron el canon completo del Nuevo Testamento en el concilio Trulano II (año 692), que conservan hasta hoy. En Occidente se manifiesta una mayor fidelidad en conservar los escritos, que habían sido transmitidos como procedentes de los apóstoles. Sin embargo, en el siglo III eran poco conocidas las epístolas de Sant y 2 Pe, como se puede ver por los escritos de Tertuliano y de San Cipriano. Un siglo más tarde son ya conocidas y admitidas por San Hilario (+367). Se da, pues, una evolución progresiva en lo referente a la autoridad de las epístolas católicas en Occidente. Esto mismo es confirmado por las primeras decisiones oficiales de las Iglesias de África en los concilios de Hipona (año 393) y III y IV de Cartago (años 397 y 419)[39]; y en Italia, por la carta de San Inocencio I (año 405) a Exuperio, obispo de Tolosa[40]. Hacia principios del siglo V las dudas desaparecen; pero aún hay autores que expresan ciertas vacilaciones a propósito de nuestras epístolas. San Jerónimo advierte, a propósito de la epístola de Sant: “Pretenden algunos que esta carta haya sido escrita por otro bajo su nombre, aunque poco a poco haya ido ganando en autoridad”. Y sobre la 2 Pe comenta: “La mayoría niega que esta carta sea de él (de Pedro), teniendo en cuenta la diferencia de su estilo por relación a la primera”. De la 2 y 3 Jn afirma: “Ambas epístolas son atribuidas a Juan el presbítero”. Y, finalmente, de Judas dice: “Esta epístola es rechazada por la mayoría; sin embargo, ha merecido autoridad a causa de la antigüedad y del uso, y es contada entre las Escrituras Sagradas”[41]. Las dudas a las que alude San Jerónimo se refieren a las que habían agitado a los escritores orientales y occidentales, que en su tiempo se consideraban ya felizmente superadas. 5. El canon del Nuevo Testamento después del siglo VI. En el siglo V se llega a un acuerdo completo entre los escritores latinos y también entre los griegos sobre el número de los libros canónicos del Nuevo Testamento. Por eso, desde el siglo VI en adelante todos los autores eclesiásticos se mantienen unánimes salvo rarísimas excepciones en admitir la canonicidad de los 27 libros del Nuevo Testamento. Entre esas raras excepciones hay que contar a Junilio Africano (mediados del s. VI), que atribuía menor autoridad al Apocalipsis y a las epístolas católicas menores. Cosme Indicopleustes (hacia 547) no admite ninguna de las epístolas católicas ni el Apocalipsis. Nicéforo Constantinopolitano (+829) considera como dudoso el Apoc. San Isidoro de Sevilla (+636) recuerda las dudas que habían surgido a propósito del origen apostólico de algunos libros del Nuevo Testamento: Hebr, Sant, 2 Pe, 2 3 Jn. Pero él personalmente los considera como inspirados y canónicos. En la Edad Media todavía se advierten ciertas discusiones bastante esporádicas acerca de la epístola a los Hebreos. Pero tanto Santo Tomás de Aquino (+1274) como Nicolás de Lira (+1340) se declaran en favor de su autenticidad paulina, haciendo desvanecerse las últimas vacilaciones. En el siglo XVI, Erasmo (+1536) volvió a recordar las dudas que muchos Padres antiguos habían expresado a propósito del origen apostólico de Hebr, Sant, 2 Pe, 2 3 Jn y Apoc. Él, sin embargo, nunca puso en duda la canonicidad de dichos libros[42]. El cardenal Cayetano (+1534) fue todavía más lejos, pues no solamente dudó de la autenticidad de esos escritos, sino también de su misma canonicidad. Los libros dudosos para Cayetano eran: Hebr, Sant, 2 3 Jn y Apoc. Para defender su postura bastante extremista se apoyaba en la autoridad de San Jerónimo y en el origen apostólico de los libros[43]: como no constaba claramente del origen apostólico de Hebr, Sant, 2 3 Jn y Jds, Cayetano las considera de menor autoridad; y refiriéndose a la epístola a los Hebr, concluye: “Quo fit ut ex sola huius epistulae auctoritate non possit, si quod dubium in fide acciderit, determinari” (“por lo cual tenemos que si consideramos esta carta –a los Hebreos- en sí misma, no podríamos resolver con su autoridad, una eventual duda de fe que se nos apareciera”). También Lutero (+1546) y los protestantes siguieron criterios propios para juzgar de la canonicidad e inspiración de los Libros Sagrados. Para Lutero, la autoridad de los Libros Santos se ha de juzgar en conformidad con su enseñanza sobre Cristo y sobre la justificación por la sola fe. Por este motivo excluyó del canon la epístola a los Hebreos, la de Santiago, la de Judas y el Apocalipsis. Pero no todos los reformadores le siguieron en esto. Carlostadio aceptaba todos los libros del N. T. Zwinglio no admitía el Apoc. En cambio, Ecolampadio rechazaba todos los libros deuterocanónicos. El concilio Tridentino reaccionó fuertemente contra las tendencias de Lutero y de sus discípulos. En su decreto Sacrosancta, del 8 de abril de 1546, definió solemnemente el canon de las Sagradas Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En adelante ya no hubo más controversias entre los católicos acerca de la extensión del canon del Nuevo Testamento. Notas: [1] Cf. Col 4, 16. Hay bastantes autores que sostienen que la epístola a los Laodicenses es la que desde finales del siglo II ha sido llamada epístola a los Efesios. [2] San Pablo cita como Escritura sagrada Deut 25,4 y las palabras de Jesús, que leemos en Lc 10,7. Disputan los autores si el Apóstol cita el Evangelio escrito o las palabras del Señor recibidas por tradición. Como 1 Tim es posterior al evangelio de San Lucas, es muy posible que se refiera a dicho evangelio. [3] Cf. Epist. 1 ad Cor 47,3. [4] Epíst. Bernabé 4,14; cf. F. Funk, Patres Apostolici I (Tubinga 1901) p. 49. [5] Todas las citas y alusiones a los libros del N. T. que se encuentran en los Padres apostólicos han sido recogidas por F. X. Funk, Patres apostolici (Tubinga 1901). Cf. J. B. Lightfoot, The Apostolic Fathers (Londres 1890, primera parte; 1889, segunda parte); B. Steidle, Patrologia seu historia antiquae litteraturae ecclesiasticae (Friburgo 1937); B. Altaner, Patrologie (Friburgo 1950). También se puede consultar la obra The N. T. in the Apostolic Fathers, editada por un comité de la Oxford Society de Teología histórica (Oxford 1905). [6] Cf. Apología I 67,3s: MG 6,429. En esta Apol. I 66 advierte que con la expresión “memorias” quiere designar los evangelios y afirma que estas “memorias” fueron escritas por los apóstoles y por los discípulos de los mismos (Diál. con Trif. 103: MG 6,717). [7] Cf. Adv. Haer. 3, Praef. [8] Cf. Adv. Haer. 3,1; 3,11,8; W. Sanday C. H. Turner A. Souter, novun testamentum s. Irenaei episcopi lugdunensis: old latin biblical texts 7 (oxford 1923); w. L. Duliére, Le Canon néotestamentaire et les écrits chrétiens approuvés par Irénée: La Nouvelle Clio 9 (1954) 199 229. [9] Cf. De praescr. 37. [10] Cf. Contra Marcionem 4,2 y 5. [11] Cf. De ieiunio 2 y 10; Contra Marc. 4,5; 5,19. [12] Cf. De pudic. 20. [13] Cf. De oratione 20; De pudic. 19.20; De cultu fem. 1,3; De praescr. 33. [14] Cf. Scorpiace 12. [15] Cf. L. A. Muratori, Antiquitates Italicae Medii Aevi III (Milán 1740) 851 854; H. Lietzmann, Das muratorische Fragment und die Monarchianischen Prologe zu den Evangelien (Borm 1908) p. 3 11; T. Zahn, Miscellanea II. Hippolytus der Verfasser des Muratorischen Kanons: Neue kirchliche Zeitschrift 33 (1922) 417 436. [16] Se puede ver el texto del Fragmento de Muratori en el Enchiridion Biblicum (Roma 1961) n. 1 7. Cf. J. Campos, Epoca del fragmento Muratoriano: Helmántica II (1960) 485-96. [17] Hist. Ecc. 6,14. [18] Cf. A. Merk, Origenes und der Kanon des A. T.: Bi 6 (1925) 200 205. [19] Cf. Comm. in Mt t. 17,30: MG 13, 1569 1572; In Lc hom. 1, MG 13, 1802s. [20] Cf. J. B. Lightfoot. en The Academy 2 (1889) 186 188.205; TH. H. Robinson, The Authorship of the Muratorian Canon: The Expositor 7,1 (1906) 481 495; Th. Zahn, Hippolitus der Verfasser des Muratorischen Kanons: Neue kirchliche Zeitschrift 33 (1922) 417 436; S. Ritter, Il frammento Muratoriano: Rivista de Archeologia Cristiana 3 (1926) 215 263; M. J. Lagrange, Histoire ancienne du Canon du N. T. p.66 84. [21] Cf. Hist. Eccl. 3,25. [22] Epist. Festalis 39. [23] Haer. 30,25. [24] Adv. Eunom. 4,5. [25] Cf. Or. 42,9; 29,17. [26] También son importantes para el canon del N. T. los papiros encontrados principalmente en Egipto. La colección Chester Beatty contiene el P45 de principios del siglo III, que tiene fragmentos de los cuatro evangelios y de los Act; el P46, también de principios del siglo III, que contenía originariamente la epístola a los Rom, 1 2 Cor, Ef, Gál, Fil, Col, 1 2 Tes; el P47, del siglo III, con fragmentos del Apoc. El P20, también del siglo III, y el P23 contienen la epístola de Sant; el P13 y P17, del siglo IV, tienen la epístola a los Hebr; el P18, del siglo III-IV, y el P24, del siglo IV, que presentan el Apocalipsis. [27] Cf. Epist. 129 ad Dardanum, 3. [28] Cf. De VIris illustr. 2,4. [29] Cf. Epist. 53 ad Paulinum, 8. [30] Cf. De doctr. christ. 2,8,13. [31] Cf. Eusebio, Hist. Eccl. 6,14 y 25. [32] Cf. 1 Clementis 36,2s. [33] Cf. Epist. 53 ad Paulinum. [34] Epist. 129 ad Dardanum, 3., en donde dice de Hebr: “Poco importa de quién sea esta epístola, puesto que es de un autor eclesiástico y es, además, leída diariamente en las Iglesias”. [35] Cf. De peccatorum mer. et remiss. 1,50. [36] Los argumentos de San Dionisio nos los ha conservado Eusebio, Hist. Eccle. 7,24s. [37] Cf. Orígenes, De recta in Deum fide 2. [38] Hist. Eccl. 3,3.25. [39] Cf. EB n. 17 y 19. [40] Cf. EB n. 21. [41] Cf. San Jerónimo, De Viris illustr. 1,2,4,9: MI, 23,639.646... [42] Cf. N. Greitmann, Erasmus als Exeget, Studia catholica 12 (1936) 294ss. [43] Cf. Epistulae Pauli aliorumque Apostolorum (Paris 1534) 374 y 374b. |
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